La sombra del
faro: Cuando soy yo la tormenta
Hola, navegantes de "Un Faro en la Tormenta
con Jose".
En este viaje, hemos navegado por aguas
turbulentas y hemos aprendido a reconocer los peligros que vienen de fuera.
Hemos hablado de la quiebra, la traición, de los reveses que nos golpean sin
piedad. Hemos buscado juntos ese faro que nos guía a puerto seguro.
Pero hoy, quiero hablarles de la tormenta más
peligrosa de todas. No viene en forma de una mala noticia o de un fracaso de
terceros. Esta tormenta la genero yo mismo.
Sí, lo admito. A veces, el faro parpadea porque
lo estoy apagando yo.
Puede sonar contradictorio, ¿verdad? Yo, que
hablo de resiliencia y de encontrar la luz, a veces soy mi peor enemigo. Y no
me da vergüenza decirlo, porque sé que no soy el único. Esta es la tormenta de
la autocrítica, la del perfeccionismo tóxico y la del miedo a
fallar.
Les voy a contar un secreto. Mi segundo libro,
"Más allá del éxito y el fracaso", estaba escrito y listo para
publicar desde el mes de marzo. Pero no lo hice. El manuscrito se quedó
guardado en un cajón digital, acumulando polvo. El faro estaba apagado por una
razón: el miedo.
Mi primer libro no tuvo la acogida que esperaba,
y esa experiencia me golpeó más de lo que quise admitir. Empecé a exigirme
tanto con el segundo que lo paralicé. Me aterraba la idea de que no fuera
atractivo, de que no tuviera la aceptación que yo esperaba. La tormenta de la duda
me hizo creer que el valor del libro dependía de la opinión de otros.
Pasaron los meses, y esa presión me consumió. Mi
mente era un mar embravecido, y la ansiedad me impedía avanzar. No fue hasta
agosto, examinando mi propio faro, que me di cuenta de una verdad simple pero
poderosa: el libro no tendría valor si no lo publicaba. La única manera
de que mi mensaje llegara a alguien era soltándolo al mundo, sin importar el
resultado.
Así que, el pasado agosto, decidí soltar el
ancla. Publiqué el libro. Y saben qué, el alivio fue inmenso. La tormenta se
calmó no por la acogida, sino por el simple acto de dejar ir. Porque el
verdadero valor no estaba en el éxito, sino en la acción.
Entonces, ¿qué hacemos cuando el faro está a
oscuras y somos nosotros los que tenemos el interruptor?
El primer paso es reconocer que tú eres la
tormenta. Es como mirar un mapa y decir: “Ok, el problema no es que el mar
esté agitado, sino que mi brújula está apuntando en la dirección equivocada”.
Aceptar nuestra parte en el problema nos da el poder de cambiarlo.
El segundo paso es practicar la autocompasión.
Trátate a ti mismo como tratarías a un buen amigo. ¿Le dirías a un amigo que
está siendo perezoso o que no sirve para nada? Claro que no. Le dirías que
descanse, que se calme y que mañana será otro día. El faro no necesita ser
perfecto, solo necesita ser.
El faro no tiene que ser impecable. Su luz puede
parpadear, puede ser menos intensa en los días de niebla. Pero lo que no puede
hacer es apagarse. La verdadera fuerza de un faro no está en su luz
perfecta, sino en su capacidad para resistir y seguir brillando, incluso
cuando la tormenta viene de adentro.
La próxima vez que te sientas así, recuerda que
el primer paso para encontrar tu puerto seguro es admitir que eres tú quien
está generando las olas. Y que, si miras bien, la brújula para salir de ahí ha
estado siempre en tu mano.
¿Has sentido alguna vez que eres tu propia
tormenta? Me encantaría leer tu historia en los comentarios.
Maribel. quiero leer el libro " más allá de éxito y el fracaso". Un abrazo hermano. Saludos a toda la familia.
ResponderEliminarEspero que pronto esté en las estanterías
EliminarHola Jose, espero que todos estéis bien, yo dede hace mucho tiempo, desde el inicio de este desastre, hablo con todo el que quiere escucharme de que esta trayectoria nos lleva al desastre total a muchos en beneficio de unos pocos y encuentro diversidad de opiniones. Los principios éticos y morales han desaparecido en gran parte de las personas, mejor no pensar, ya lo arreglaran otros, al fin no se puede hacer nada, etc. Yo soy de los que sigo luchando y tratando de convencerlos que nosotros somos muchos y los que pretenden someternos pocos y no dejaré de hacerlo mientras tenga fuerza. Gracias por pensar así y seguir siendo : UN FARO EN LA TORMENTA.
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